Se empieza por una clase.
No hace falta abrir un proyecto: se elige una clase y una asignatura, y se empieza. El resto del centro no se entera hasta que haya algo que contar.
Se reduce el campo, no el método.
Cada paso funciona como funcionaría en toda la escuela: cambia el número de personas, no el modo en que trabaja el programa.
Una clase y un curso
Hace falta un docente dispuesto a intentarlo, y nada que aprobar.
Las actividades, en un grupo
Tarjetas de repaso, doble voto, medias, puntos e insignias: funcionan con ocho personas igual que con veinticinco.
El resto espera
Nada que anunciar en el claustro, ningún registro que migrar, hasta que lo decidáis.
Lo decimos antes, en vez de dejar que lo descubras después.
El recuento de puntos y la recogida de respuestas están probados en sesiones reales, en el aula. Todavía no ha pasado que una escuela hiciera una jornada entera así, con veinticinco chicos en clase.
probado ✓
todavía no
Háblanos de tu clase.
Dinos qué curso tenéis en mente y cuántas horas podéis dedicarle: te respondemos con un plan de prueba, no con un presupuesto.
¿prefieres leer antes?